Autopublicar una novela y no morir en el intento

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Cuando era pequeña tenía una máquina de escribir antigua que no funcionaba, no solo porque no tuviera tinta, sino porque estaba tan mal engrasada que, a veces, varias teclas se quedaban pegadas y suspendidas en el vacío a la vez sin llegar a tocar el papel. Pensaba, ingenua de mí, que ser escritora era solo escribir, y por eso jugaba con ella, fantaseando grandes historias. Tras muchos años de aprendizaje tengo, por fin, mi segundo libro a punto de salir, y por eso he venido a contarte que autopublicar una novela y no morir en el intento es posible.

Todo buen escritor es, ante todo, un gran lector

Te sorprendería la cantidad de gente que se considera escritor y reconoce abiertamente que no tiene tiempo para leer. Eso es lo mismo que decir que eres un gran deportista y pasarte todo el día en el sofá viendo la tele. Para escribir bien no basta solo con darle a la tecla, primero tienes que leer, y mucho, si no, al autopublicar una novela será imposible que la historia esté bien construida.

La formación: imprescindible

Igual que un mecánico tiene que conocer a fondo los coches y debe saber usar sus herramientas si quiere repararlos, el escritor debe hacer lo mismo. Leer, como decía antes, es fundamental, pero no te aportará todo lo que necesitas.

Debes conocer el lenguaje, las normas ortotipográficas y de estilo. Pero un autopublicado necesitará saber más, aunque con esto no quiero decir que deba saberlo todo.

Es muy difícil (por no decir imposible) que un escritor corrija su propio libro, porque ver los fallos propios después de haber leído el mismo texto una y otra vez resulta muy complicado. De hecho, por si no lo sabías, las correctoras profesionales que escriben no suelen corregir sus propios textos, la corrección final siempre suele pasar por manos de otros ojos expertos. Pero que tú no vayas a hacer tu corrección no significa que no debas saber cómo es.

Si tú no conoces las normas de estilo y de ortografía, ¿cómo vas a entender lo que te explique tu corrector? Y ¿cómo vas a saber si está haciendo un buen trabajo o te la está colando? Pues así con todo. Yo trato de formarme cada vez más para poder presentar a los lectores un trabajo de calidad.

Para terminar un libro hay que escribirlo

Parece algo obvio, pero no lo es. Hay gente que se pasa más tiempo hablando de todo lo que va a escribir que escribiendo. Quizá la vida los arrolla, pero lo cierto es que para escribir no hace falta concienciarse a fondo, ni reservar una gran cantidad de tiempo. Se trata de dedicarle un rato cada día, aunque sea tan solo media hora. Si logramos crear ese hábito conseguimos dos cosas: no perder la práctica y no perder el hilo de la historia.

El tiempo de reposo

Cuando acabo una novela la meto en un cajón durante unos meses. En el momento en que escribes la palabra «fin» te sientes orgullosa de haber terminado y de todo el esfuerzo que has hecho. Quizá eso te impida ver los puntos flacos de tu obra. Es bueno tomar distancia, poder releerla con ojos nuevos y ver si realmente te gusta, apreciar las cosas que están bien, y darte cuenta de las que están mal, algo que no siempre se logra tras terminarla.

Los lectores cero

También llamados lectores beta, son personas que leen tu novela y te dicen lo que les ha gustado y lo que no les ha convencido. Nada de elegir a la familia, deberían ser parte de tu público objetivo, gente que suela leer novelas como la que tú has escrito. Sé que muchos escritores no los consideran necesarios, pero a mí me han ayudado a crecer como escritora.

La corrección

Llevo cinco años a vueltas con La madre de todas las ciencias y todavía encuentro cosas que se pueden mejorar, erratas, etc. Mi correctora me ha señalado puntos a mejorar en la primera corrección, y ahora que está con la segunda todavía encuentra algún detalle que pulir.

La maquetación

Uno nunca sabe lo que es esto hasta que lo necesita. Si quieres que te lo cuente en pocas palabras, se trata de que el texto no se salga fuera de los márgenes, pero la realidad es que es mucho más. Que si líneas viudas y huérfanas que se quedan pululando por el libro adelante, que si formatos de letra que parecen movidos por un fantasma en plena noche sin que te des cuenta… Son tantas cosas, que prefiero no pensar.

He decidido aprender a maquetar, porque es algo que me parece muy interesante, pero como mis habilidades distan mucho de ser profesionales ahora mismo, cuento con alguien que lo hace por mí, porque para autopublicar una novela no hace falta que lo haga todo el escritor, saber delegar también es un arte.

La portada

Me da pena cuando veo a gente decir que no se debe juzgar un libro por su portada. Me gustaría matizarlo: no se debe juzgar un libro SOLO por su portada, pero está claro que es importante. Pobre ilustrador y/o diseñador de la composición, seguro que cada vez que lee algo así se le rompe un trocito de su corazón. Una buena novela, igual que un buen plato, también debe entrar por los ojos.

En mi caso, me enamoré de la forma de dibujar de un chico que está suscrito a mi lista de correo, y no pude evitar pedirle que hiciera el dibujo de mi portada: una doña Eulalia en sus mejores momentos, antes de desaparecer y que todo se precipitase. Además, el fotógrafo que tengo en casa se armó de paciencia para hacer la composición de la misma, pero al final el resultado ha sido satisfactorio, ¿no crees?

Marketing: el más odiado y necesario

Hay muchos escritores que escriben solo para sí mismos, pero a mí, como a la gran mayoría, me gusta que me lean. Más que que me lean, lo que me importa es que las historias recorran su propio camino y lleguen a algún lector que las disfrute. Para lograr esto es imprescindible que te conozcan y, seamos realistas, es imposible lograr esto solos.

Por eso me estoy encargando de que la gente vaya conociendo esta historia incluso desde antes de su publicación a través de algunas acciones como, por ejemplo, presentándola al premio Amazon u ofreciéndote el primer capítulo.

Hay muchas formas de darse a conocer, de lo que se trata es de explorar todas las que podamos y quedarnos con aquellas en las que nos sintamos cómodos. Por eso nunca he dejado Twitter, porque me encanta. Con Instagram todavía estoy en una relación amor-odio y Facebook, de momento, no existe para mí (pero hay quien está haciendo que me lo replantee).

En resumen: ¿es posible autopublicar una novela y no morir en el intento?

Lo que a mí me funciona es dividir las cosas que tengo y que quiero hacer. Una cosa de cada vez, poco a poco, porque si piensas en todo de golpe te vas a agobiar. Es como escribir un libro: yo no pienso en escribirlo, pienso es escribir una escena, y otra, y otra… Y así hasta el final.

Además, por suerte, hay un montón de blogs con información y ayuda que tratan todos y cada uno de estos temas. Las redes sociales, a pesar de las cosas malas, esconden en su interior a un montón de gente riquiña que te apoyará en los momentos más bajos.

Así que si quieres autopublicar una novela y no morir en el intento: lee, escribe, fórmate, socializa y ve paso a paso, sin prisa, pero sin pausa. Valdrá la pena, créeme, porque en esto de escribir solo hay una cosa más bonita que tener tu novela entre las manos, verla en las manos de otros.


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6 comentarios en “Autopublicar una novela y no morir en el intento”

  1. Te he escrito un rollo terrible y deprimente pero al final me he dado cuenta que no tiene sentido y lo he borrado.
    Parafraseándote, eres muy «riquiña», transmites eso, te deseo mucha suerte con tu nueva novela y su divulgación.

    1. Aquí eres bienvenido para escribir lo que quieras, John. En cualquier caso, muchas gracias por tus palabras. Biquiños!

    1. Ojalá os lo parezca, porque como venga alguien y me diga que es todo todo un pu** mierda, me da algo jajaja. Biquiños!

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