El bloqueo del escritor

El bloqueo del escritor

Muchos lo llaman «el miedo a la página en blanco», pero yo no creo que el bloqueo del escritor tenga que ver con eso. Cuando te sientas delante de un cuaderno o frente a la primera hoja del Word (o de cualquier otro programa que utilices para escribir), puede que te quedes mirando sin saber qué tecla pulsar primero.

Hay artículos geniales que te ofrecen trucos para que puedas romper ese bloqueo. Probar cosas nuevas siempre está bien y es necesario. Pero antes de llegar a ese caso hay que hacer algo esencial. ¿Cómo solucionar de manera definitiva el bloqueo del escritor si no sabes cuál es la causa?

La falta de ideas no es un problema aunque a veces pensemos que sí. Solo con salir una tarde a la calle y contemplar a la gente; leer un libro; ver una película o una serie, obtendremos un montón de ideas.

También las tareas rutinarias, que es donde la mente se relaja, nos ayudan a encontrar ideas maravillosas. Y en muchos sitios más, sitios tan extraños como estos.

El problema no suele venir por la falta de ideas. Las causas del bloqueo del escritor suelen ser otras. Por ejemplo, nuestro enemigo íntimo «el estrés» hace que, al final del día, lo último de lo que tengamos ganas sea de ponernos a escribir. O la felicidad, el hecho de que estemos tan ocupados haciendo cosas maravillosas que no nos apetezca salir de ellas.

En mi caso, me he dado cuenta de que hay dos cosas que me provocan el bloqueo del escritor:

El miedo a que me lean

Cuando a una novela solo le faltan las últimas correcciones, las últimas pinceladas, me cuesta muchísimo sentarme a escribir. Supongo que no quiero desprenderme de esa historia, tengo miedo a que sea tan mala como mi cabeza se la imagina. Me aterra decepcionar a la gente que va a leerme. Es por eso que me niego a abandonar la historia y, por tanto, el motivo fundamental por el que escribir se convierte en un suplicio.

Lo que hace geniales a mis historias me bloquea

Esto parece una paradoja, pero es así. Cuando escribo una historia lo doy todo. No cuento mi vida, no hablo de nadie que conozca. Lo que hago es transformar mi realidad y expresarla a través de otras historias.

Yo no soy de esas personas que le cuenta a todo el mundo lo feliz que soy cuando lo soy. La necesidad de expresarme surge del dolor, y sacar el dolor cuesta. Para mí escribir es un placer y un suplicio. Como diría alguien que conozco: «es un asco rico».

Mi meta para este 2020 no es otra que aprender a dejar marchar una historia, no ser tan dura conmigo misma, y entender el dolor como algo por lo que hay que transitar.

Porque si te clavas una espina bajo una uña tienes que pasar dolor al quitarla, o dolerá más.

Un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.