Escritores confinados

valla que representa escritores confinados

Desde el 13 de marzo he estado preguntándome por qué a los escritores confinados nos cuesta tanto escribir estos días. Hace poco leí un artículo en El Cultural sobre escritores en aislamiento y las prácticas que llevaban a cabo para terminar sus creaciones: desde pasar una semana escribiendo encerrado en el baño, como Joseph Conrad; hasta escribir desnudo para evitar la tentación de salir al exterior, como Víctor Hugo.

Los escritores somos gente solitaria en general, pero también es cierto que somos muy observadores y que nos nutrimos de la realidad para dejar volar nuestra imaginación. ¿Será esa la razón del bloqueo, que no tenemos en qué inspirarnos?

Además de tener dificultades para escribir, muchos la han tenido para leer. Los escritores confinados no se concentraban ni para una cosa, ni para la otra. Aunque vamos por buen camino, la situación fue (y está siendo) muy difícil. Nos preocupan muchas cosas, así que es normal que nos bloqueemos en una situación de estrés, sobre todo si es una como esta, a la que no nos habíamos enfrentado antes.

Reza el refrán que el hombre propone, pero Dios dispone. En mi caso, me había propuesto leer 12 libros este año; uno al mes, no pedía más. Ayer empecé mi lectura número 32. Meterme en otros mundos ha sido, para mí, la forma de evadirme durante el confinamiento. Pero no he podido escribir ni una sola línea, más allá de los artículos para el blog. Aunque es cierto que he hecho alguna cosa interesante.

En primer lugar, he enviado mi segunda novela a una agencia literaria. Tenía previsto publicarla en marzo, pero tras el anuncio del estado de alarma lo reconsideré y decidí posponerlo, así que he aprovechado para explorar esa vía.

Además, muchos de los libros que he leído han servido para documentarme, de manera que he empezado a perfilar mi tercera novela. Pero no, no he escrito ni una sola línea.

Podría usar la tan manida idea del bloqueo del escritor, pero no es cierto que esté bloqueada. Para mí el confinamiento no ha sido un problema por dos motivos: porque siempre he sido una plantita de interior; y porque sé de sobra que los problemas de verdad son otros.

He intentado estar bien y contenta, si me sigues en Instagram o en Twitter lo sabes; siempre intento mantenerme positiva. Y lo he conseguido la mayor parte del tiempo. Lo que me ocurre es que tengo tristeza en mi corazón. Pero esto no es algo que me preocupe.

Creo que ser feliz y estar triste no son incompatibles; y creo, también, que la tristeza es un camino por el que hay que aprender a transitar. Es solo que los días en que la tristeza gana a la felicidad no tengo ganas de escribir. No es una excusa, es que hace tiempo decidí que esto no me iba a suponer estrés en mi vida.

Suertudos aquellos que escriben todos los días, pero yo no soy así. Y durante este confinamiento me he alegrado al comprobar que hay más escritores como yo, que alternan meses de documentación y descanso con meses de escritura.

No pretendía que me quedase un artículo triste, solo quería decir que yo también soy de esos escritores confinados que no escribe desde marzo, aunque no ha sido esta situación lo que más me ha afectado. A todos nos ha pasado factura de una forma u otra y, en vez de estresarnos y fustigarnos con el látigo del impostor, deberíamos dejar que el río siga su curso sin más.

Pero como reza otro refrán: consejos vendo, que para mí no tengo; por lo que es cierto que yo me fustigo a veces y soy una drama queen. Y en esos momentos de bajón aprovecho para echarme en cara todas las meteduras de pata y cosas varias que hago mal. Me pregunto a menudo si no estaría mejor quietecita, si no sería mejor para todos que me dedicase a trabajar y leer y dejase todo lo demás de lado. Porque aunque siempre hago las cosas desde la buena fe, ya sabes lo que se dice: el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

Cuando me encuentro mejor me perdono un poco, miro hacia arriba, soplo para apartar esa absurda nube negra que revolotea a veces sobre mi cabeza y veo el sol radiante que Galicia tiene estos días. Y pienso en la cantidad de idiotas que están seguros de todo y no aciertan casi nada, y se me pasa un poquito.

Los escritores confinados teníamos en el aislamiento un aliado que acabó convirtiéndose en enemigo para muchos. En mi caso, en realidad, no me quejo. He leído mucho, y ya se sabe que uno de los pilares para ser buen escritor es ser un buen lector. Así que al final, ni tan mal.

¿Has tenido problemas para concentrarte estos días? ¿Cuál ha sido tu ritmo de lectura durante estos dos meses? Me encantaría que me contases tu experiencia en los comentarios.


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6 comentarios en “Escritores confinados”

  1. Es que una cosa es estar confinados porque uno quiere y otra es hacerlo por obligación. Y en estas circunstancias, más difícil resulta concentrarse. Y tristeza y felicidad no son incompatibles. Al contrario, creo que están hasta muy unidad. Estos días resulta no sentir tristeza cuando se escucha la cifra de muertos, de enfermos… Pero no podemos estar en ese estado de tristeza continuamente. Y una buena novela nos devuelve un poco de felicidad, el estar con tu pareja, con tus padres, con tus hijos… Son momentos de felicidad que no hay que dejar pasar.
    Besotes!!!

    1. Cristina Grela

      Exacto, una buena novela nos trae momentos de felicidad y en estos tiempos más que nunca no hay que dejarlos escapar. Biquiños!

  2. Pues yo empecé con un parón total de todo, lecturas, escritura (blog, trabajos de la uni), etc. Lo único que hacía era zumba, comer y leer las noticias. Luego ya me fui calmando y empecé a leer un montón más que lo «normal». Además me ha ayudado mucho el bloquearme las redes sociales, así que he salido mejor en muchos sentidos del confinamiento.

    1. Cristina Grela

      Al final a todo se acostumbra uno, y como lo del confinamiento se volvió normal, creo que eso ayudó a retomar las rutinas. En cuanto a lo de las redes sociales, yo no las he bloqueado, pero sí he bloqueado a determinadas personas y palabras y, oye, tan a gusto. Biquiños!

  3. Hola Cristina.
    Me ha ocurrido igual, apenas me concentro para escribir, aunque por suerte me siguen viniendo ideas que apunto siempre que puedo por si en un futuro resultan útiles.
    También he procurado leer más por aquello de aprovechar el tiempo, y como a ti me cuesta concentrarme por lo que voy más lenta de lo habitual.
    Lo importante es no quedarnos quietas, cada pasito que damos nos acerca a nuestros objetivos.
    Ánimo y a seguir hacia adelante. Un abrazo. Paloma.

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